Una aventura por carretera

 

“Aquellos que eran vistos bailando, eran considerados locos por quiénes no podían escuchar la música”. Friedrich Nietzsche

 

Nunca es mal momento para cogerte un vuelo sin planificar absolutamente nada. ¿Qué mejor destino que Marruecos? Puedes elegir tanto la zona interior, hacia el Sáhara, como la costa, y volverás siempre pensando que ha sido el viaje de tu vida.
Desde Marrakesh pones rumbo al sur, siguiendo la costa Atlántica, para los amantes del sol, lo atardeceres de ensueño, la parte menos poblada y la zona donde conocer la esencia de la cultura de este país. Cuando tomas esta ruta, es difícil decidir por donde comenzar.
Nosotros comenzamos por las Cascadas de Ouzoud, consideradas las más altas y bellas del país. A los pies de las cascadas puedes observar diferentes carpas ocupadas por los bereberes donde pasan las horas tomando el té mientras escuchan el sonido del agua caer. Un lugar para conectar, meditar y sentirte ajeno a todo. Además están acostumbrados al turismo y dan la bienvenida a todos aquellos que vayan a visitar su paraíso.

Continuando la aventura, por la costa atlántica-sur marroquí, encuentras una pintoresca playa llamada Mirleft para los amantes de la naturaleza y el surf. La población se encuentra en una zona alta alejada de la playa, con magníficas vistas. Es recomendable pasear cuando las mareas son bajas, donde las vistas al mar y a la montaña son consideradas de las mejores que se pueden encontrar en esta zona.
Para seguir maravillada con la costa, muy recomendable la famosa playa de Legzira, por su playa amplia de arena y sus arcos areniscos de color rojizo con un tamaño espectacular.

Siguiendo la ruta, queríamos esquivar la capital turística de Marrakech, pero a la vez teníamos ganas de visitar bazares y descubrir una urbe típica del país, coge rumbo hacia Essaouira, donde lo que más llama la atención es su bella medina, con una forma cuadriculada, anchas calles donde podemos ver distintos talleres de artesanía, pequeños comercios de cosmética y todo tipo de cafeterías y restaurantes. Es conocida como la ciudad del viento, dude ahí la cantidad de windsurfistas que llegan de todas partes del mundo. Es una ciudad humilde y tranquila donde llama la atención banco de las paredes de las casas con puertas y ventanas azules.
Mientras te adentras en la ciudad, podrás observar la torre del Reloj y el mercado de Souk el Jdid donde se alinean todos los vendedores con sus puestos de verduras, especias pescado y otros tesoros como el aceite de Argán o vinos rosados y blancos.

Y llegamos a Marrakech, una ciudad “top” a la que no se le puede dejar de rendir honores. La belleza de su gran medina, sus zocos, sus numerosos monumentos y la plaza Jemaa El Fna, desde donde todo está conectado.
Siguiendo nuestra ruta, llegamos al Jardín Majorelle, un jardín botánico. Fue diseñado por el pintor francés Jacques Majorelle y enamorado de la botánica crea este jardín en torno a su chalet. Es característico por la cantidad de compuestos y plantas de todo el mundo que va añadiendo el pintor: nenúfares, jazmines, cactus, cocoteros, bananeros, bambú…

Para terminar, adéntrate en el Zoco, un laberinto de callejuelas llena de puestos y tenderetes donde los vendedores aprovechan para vender los productos a los turistas, principalmente ellos viven de eso. Es por ello la cuna del regateo, deberías pagar menos de la mitad del precio que te piden al principio. Se pueden comprar todo tipo de especias, aceites, cosmética, alimentos, artesanía y ropa. Deja el reloj, ve sin prisas, fíjate en todos los detalles y disfruta.

Disfrutad de la vida, B.

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