Quien piensa mucho, viaja poco

“Muere lentamente quien evita una pasión, quien prefiere negro sobre blanco y los puntos sobre las íes, a un remolino de emociones”

Sentir un impulso que te lleve a escapar, a desconectar de todo por un tiempo, aunque sea corto. Una sensación que cuando la pruebas, quieres repetirla una y otra vez.
Aunque el presupuesto sea escaso y el tiempo limitado, merece la pena hacer las maletas y salir de tu zona de confort durante un fin de semana, y para ello, ¿qué mejor destino que algún lugar de Centro Europa? Una ciudad sencilla pero llena de encantos, con miles de edificios, barrios y esculturas peculiares que tienen una historia detrás. Un sitio en el que disfrutar de la comida y la bebida es bastante más barato, con una personalidad propia y auténtica. En una palabra: Praga.

Puedes empezar tu ruta en la Plaza de la Ciudad Vieja donde se encuentra el reloj astronómico más famoso del mundo y con un diseño que no se ha vuelto a repetir por ningún arquitecto. Construido en 1410 por el maestro relojero Hanus, la leyenda dice que dejaron ciego al arquitecto para que no pudiera diseñar otra obra igual en ninguna parte.
A pesar de este final tan trágico, el reloj astronómico es algo mítico de Praga, está situado en el edificio del Ayuntamiento y compuesto por tres partes: Los signos del zodiaco en la esfera inferior; la esfera superior representando las órbitas del sol y de la luna; por último, lo que más llama la atención, son las figuras de los doce apóstoles que aparecen cada vez que el reloj marca la hora en punto. Debajo de los apóstoles aparecen cuatro figuras representando: La vanidad, por un hombre con un espejo; la avaricia, un comerciante con su bolsa; la lujuria, representada por un príncipe turco con su mandarina y, por último la muerte, por un esqueleto con un reloj de arena.
Si quieres ver la plaza desde las alturas, subiendo al reloj astronómico puedes disfrutar de las vistas. El centro de la Ciudad Vieja ofrece un estilo arquitectónico gótico, sobre todo por la Iglesia de Tyn.

Praga está dividida por la Ciudad Vieja y la Ciudad Pequeña, lo que separa a ambas partes es el Puente Carlos, el monumento peatonal mas famoso y turístico. Al ir cruzándolo, se contemplan 30 esculturas, cada una de ellas con un significado detrás. La más famosa de todas, es la de San Juan Nepumoceno, se dice que quien pone la mano sobre la mano izquierda del Santo y pide un deseo, este se le será concedido.
Además de las estatuas y sus leyendas, encontrarás diversos puestecitos y artistas callejeros.

Para comer y ver algunas tiendas, recomiendo cruzar la plaza de Wenceslao. El nombre engaña ya que a pesar de llamarse así, es una gran avenida con hoteles, restaurantes, tiendas y el Museo Nacional de Praga al fondo.

Por último, una visita imprescindible en este viaje es la del Castillo de Praga ya que es el monumento con más historia de la ciudad. No es el castillo típico que te encuentras, consiste en un increíble conjunto arquitectónico dividido por palacios, edificios administrativos y religiosos, divididos por distintas calles.

Dentro del castillo, se encuentra el callejón del Oro, con casas de colores que constituyen una imagen muy pintoresca.

Muy recomendable finalizar la visita en el mirador. Una perfecta forma de acabar el fin de semana y valorar la ciudad desde una vista panorámica.
Mi consejo es que viajes a Praga a partir del mes de Abril ya que a partir de este mes, se abren los Jardines Sur del castillo. Allí, con la llegada de la primavera , se organizan distintos eventos: conciertos, barbacoas y diversas exposiciones.

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